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miércoles, 27 de abril de 2011

Capitulo 13

Estaba furiosa, Matt me agarró la mano pero no la acepté y tiré de la mía con más fuerza de la que él estaba ejerciendo. No podía creer que después de haberme dicho eso, seguiría intentando abrazarme. Cerré la puerta del jardín de un portazo y con paso ligero me encaminé a mi casa.
Por suerte cuando llegué no había nadie, seguramente mi madre se habría ido a comprar. Subí las escaleras y entré en mi cuarto, cogí un cojín y lo tiré con todas mis fuerzas a las fotos que tenía con Matt. Me tiré en la cama tal y como había hecho con Dani y rompí a llorar. En el fondo me dolía que me hubiese hecho eso, aunque había aprendido a no sufrir por los hombres, pero Matt había dejado marca en mi corazón y no podía evitarlo. Sin darme cuenta me dormí y tenía una manta encima, seguramente habría sido mi madre, miré el reloj y vi que eran las cuatro de la tarde, tenía tres horas y media para arreglarme. Me levanté corriendo y bajé a comer había un plato de sopa en el microondas que calenté y un trozo de tortilla. Comí nerviosa porque no sabía que iba a ponerme para la cita con Christian.  Cuando terminé de comer, volví a mi cuarto. Abrí las puertas del armario y me senté en mi cama visualizando la mayoría de las prendas. De pronto vi que tenía una mini falda plisada verde, un verde que resaltaba mis ojos, no era claro pero tampoco oscuro, era, perfecto. Abrí un cajón y fui directamente a por una camiseta blanca con rayas verdes de tirantes tipo nadadora que combinaba a  la perfección. Estaba enfrente del espejo y giré sonriéndome. Me puse unas cuñas en tono marrón y el bolso a juego con ellas. Me senté en la silla que debería estar frente al escritorio ahora convertido en tocador, y me maquillé los ojos en color tierra con mucho rimmel. Apliqué un poco de rosa en mis mejillas y en los labios un poco de vaselina. Miré el reloj eran las cinco y media, necesitaría una hora y media en alisarme todo el pelo y después ondularlo. Encendí la plancha y procedí a alisarme el pelo, inmediatamente lo ondulé. Eran ondas grandes, el pelo tenía muchísimo volumen y eso me encantaba. Ya eran las siete y media, había quedado en ir a buscarle así que cogí el bolso, lo rellené con lo que consideraba importante, cogí el casco de la moto y otro que tenía  de repuesto. Me subí a la moto, me puse el bolso de una forma segura, para que no se volase y el casco de Christian en el codo. Mi moto volaba, lo sentía, iba demasiado rápido en comparación con el máximo de velocidad permitido. Hacía mal en ir tan rápido pero tenía unas ganas locas de verle. Llegué en quince minutos a su casa y llamé al timbre. Me apoyé en la moto, y me quité el casco que dejé en el sillín de esta. La puerta del jardín se abrió y le vi tan elegante pero a la vez casual, el pelo con gomina simulando que estaba mojado, una camiseta gris ajustada y una americana negra, llevaba unos vaqueros desgastados y unas deportivas negras.


-Fiu..fiu- Silbé.- ¿Dónde va tan guapo Mr. Lodge?

Me sonrió y se acercó lentamente andando cual modelo en una pasarela. Se acercó a mí y se inclinó lentamente sujetándome la barbilla y me besó. Fue un beso corto, suave pero a la vez intenso. Le sonreí y le tendí el casco.

-Eliges tú el sitio si te parece bien.-Le dije todavía sonriendo.
-Vale, se perfectamente dónde ir, pero antes te digo una cosa, pago yo.
-Me parece genial.-Sonreí como una niña pequeña.

Se subió a la moto, antes había llevado más paquetes y se había puesto muy pegado a mí, se puso el casco que le había dado y me agarró a la cintura.

-¿Te molesto?- Me dijo, intuía que él estaba sonriendo.
-Para nada la verdad, yo por mí, me quedaba aquí toda la tarde.-Dije poniéndome el casco.

Arranqué y aceleré, seguí las indicaciones de Christian para llegar al restaurante. Me guió hasta el muelle y yo me pregunté si allí había algún restaurante bueno, porque el último recuerdo de cuando vine a comer, era de cuando yo tenía cinco años y vine con mi madre, no me gustó nada el restaurante y al final acabamos en uno de comida rápida. Aparqué la moto y la aseguré en una farola, me quité el casco y lo agarré me coloqué la falda porque debido a la moto se había subido un poco pero lo suficiente para descubrir todo. Me sentía genial y emocionada porque no sabía dónde me iba a llevar, seguro que era precioso.
Sin preocupaciones de que alguien nos viese, porque ese muelle estaba alejado del pueblo y nadie vendría aquí, Christian me cogió de la mano suavemente y me dio un beso en la frente. El muelle era precioso tenía tonos rojizos debido al crepúsculo era tan encantador. Me llevó a un restaurante de madera, todo era así, tan rústico por fuera. Entramos y pidió una mesa que ya tenía reservada, nos llevaron a un salón, todas las paredes eran de cristal y se veía el anochecer, como el sol caía lentamente sobre el mar. Era encantador, me emocioné y le di un suave beso en los labios. Antes de sentarse me lo ofreció a mí hacerlo y me ayudó a acercarme a la mesa.

Estaba tan angelical, el rojo del anochecer se reflejaba en su pelo engominado y revuelto, en sus ojos, en esas trazas azules. Me mordí el labio sin querer mirándole embobada.

-Tierra llamando a Abby, tierra llamando a Abby.-Me dijo riéndose.
-Perdón. ¿Qué me decías?
-Que, qué quieres de beber.-Dijo con esa sonrisa mirándome a los ojos.
-¿Qué vas a beber tú?
-¿te gusta el vino?- Me preguntó.-Aunque no sería muy responsable por mi parte darte alcohol…
-Eres tú el adulto, tú decides.-Le guiñé un ojo sonriendo.

Llamó al camarero y pidió una botella de vino, que por el nombre ya parecía cara.

-Esto debe ser muy caro Christian.
-No te creas, y aparte no te preocupes por eso ¿vale?
-Vale, pero el postre nos lo tomamos en casa.-Le guiñé el ojo.

Ya tenía planeado todo, sabía cómo íbamos a terminar esta noche, porque me apetecía, porque yo quería y tenía muchísimas ganas de hacerlo.

miércoles, 13 de abril de 2011

Capitulo 12

Capitulo 12

Estábamos cogidos de la mano, aunque yo ya me sabía la casa de memoria. La madre de Dani y Matt, Melisa salió secándose las manos con un paño de la cocina y una sonrisa que me recordaba a sus hijos a recibirnos. Se acercó a nosotros casi corriendo y nos abrazó. Sentí que una lágrima le caía del ojo.

-Melisa, ¿por qué lloras?-Noté como se separó un poco de nosotros.
-Porque hacía tanto tiempo que no os veía así de juntos.-Dijo entre pequeños llantos y gimoteos.
-Ay mamá no seas tonta.-Se apartó un poco más de su madre pero su mano seguía sujetando la mía con firmeza.
-Lo siento hijo. Abby cariño, ¿te quedas a cenar?

Matt, respondió enseguida sin dejarme contestar a Melisa.

-Sí, Abby se queda a cenar y a dormir. ¿Puede?
-Por supuesto, Abby es de la familia casi, deberíamos ponerla un cuarto.-Dijo Melisa bromeando.

Con Melisa sonriendo, subimos las escaleras, suponía que anhelaba hablar más con su hijo, ya que casi no lo había hecho o todavía, hasta ahora no había hablado con él. Matt iba delante y abrió la puerta de su cuarto por un momento me soltó la mano pero no entró. Esbozó una sonrisa que hacía que mis rodillas temblasen.

-Signorina.

Se inclinó y como si de una princesa se tratase me ofreció entrar en su cuarto. El acento italiano, hizo que la piel de la espalda se me erizase. No podía evitarlo, los italianos me volvían loca. Eran de los mejores amantes que había tenido. El cuarto de Matt seguía igual. No había cambiado para nada. Estaba tal y como la dejó
. La habitación de Matt era muy luminosa por lo menos respecto la de su hermana. Todo en madera color haya, mezclado con azules y verdes marinos. Se notaba que la habitación era todavía algo infantil, adornada con un poster de Pokemon aunque a su alrededor había un par de futbolistas, unos cuantos de revistas de mujeres y alguno de grupos musicales como “The Rolling Stones” “The Beatles” “AC/DC” “Metallica”. Eran varios grupos de pop-rock que le encantaban y él me traspasó ese gusto musical.
Desde luego él desentonaba con la habitación, al menos su yo actual, pero pensar que podíamos hacerlo en esa habitación de niño me ponía a mil.
Desde la cama podía ver la alfombra azul y suave. Observé el techo, de donde colgaba una lámpara de papel redonda y blanca. Las estanterías estaban llenas de cómics y libros... Sonreí. Me venían tantos recuerdos a la cabeza.

Me senté en su cama y él a mi lado. Me miró sonriendo, se acercó a mí lentamente para intentar besarme. Le puse mi dedo en sus labios y le miré a esos ojos grises desafiantes.

-¿Te crees que lo nuestro va a ser sólo carnal?- Le dije mordiéndome el labio.
-¿Te crees que esto iba a ser algo más?
-Bueno, yo siempre puedo tomar la decisión ¿no?
-Por tu experiencia deberías saber que no.
-Vete a tomar por culo Matt.-Le pegué una bofetada.

Salí hacia el cuarto de Danielle, las lágrimas empezaron a brotar de mis ojos como si fuesen una fuente. Dani estaba en su cama con los cascos puestos y me abalancé sobre ella. Noté como su corazón palpitaba fuertemente y lo comprendía, la tenía que haber dado un susto de muerte.

-Dani, todos son iguales.-Dije entre sollozos, no podía casi hablar.
-Relájate, ¿qué ha pasado? ¿Te ha hecho algo Matt?
-Tía iba a besarme le he parado y le he preguntado que si se pensaba que lo nuestro era solo carnal, y ha llegado un punto en el que ha dicho que no puedo tomar la decisión que lo tendría que saber por la experiencia.- Las palabras salieron a toda velocidad de mi boca, casi escupidas pero entrecortadas por la falta de aire.- Le he pegado una bofetada.
-Bien hecho Abby.- Me abrazó más fuerte.

No sabía qué hacer, esto me superaba por momentos, después de la horrible pesadilla que Matt me dijese eso, después de sincerarme con él y contarle todo lo que me había pasado. Tenía ganas de que terminase el día, quería estar en mi cuarto arreglándome y pasármelo bien con Christian. No me apetecía bajar a cenar y verle la cara, asique Dani, bajó y subió la comida pese a las objeciones de su madre, pero sabía que si lo necesitaba se enfrentaría con ella. Comimos patatas fritas con varias salsas, era uno de nuestros platos favoritos, Dani lo bajó y decidimos poner una película en el ordenador. Tumbadas en la cama, caí rendida sobre el hombro de Dani. Estaba cansada de tanto llorar, apenas visualicé quince minutos escasos de la película. Cuando abrí los ojos ya era de día y estaba tapada con el edredón por encima de los hombros. La desperté y la dije que me iba a ir ya, que tenía que ir a casa a prepararme que había quedado con Christian, aunque fuese por la mañana tampoco quería estar bajo el mismo techo con Matt. Me vestí y me despedí de Dani. Bajé las escaleras rápidamente sin hacer ruido, cerré la puerta y dejé que el sol me diese en la cara. No sabía qué cara tenía. De repente escuché un carraspeo de garganta, abrí los ojos y me encontré a Matt en pijama, un pantalón de chándal negro y una camiseta gris ajustada.

-Matt déjame ¿vale? Te has pasado muchísimo, no me vuelvas a hablar nunca más.
-Joder, lo siento lo dije sin pensar, lo siento, lo siento.-Sus ojos transmitían que estaba arrepentido pero yo ya sabía que era una, y no más.
-No Matt. Esto se ha acabado, fuese lo que fuese.

miércoles, 6 de abril de 2011

Capitulo 11

Me levanté poco a poco, sentándome en el suelo mirándole como los músculos de sus gemelos se tensaban ya que estaba en cuclillas. Le sonreí, y le puse un casco.

-With me de Sum-41 ¿no?-Me dijo sonriendo.
-Exacto, ¿te gusta? – le pregunté mirándole
-Si la verdad, hay una que te dedicaría pero claro, las cosas no son gratis.-Me miró, tenía una media sonrisa que me encantaba.
-¿Cuál es el precio?-Me acerqué un poco más, aunque sabía que corríamos un riesgo al ser profesor y alumna, pero eso me gustaba más.
-Mmm…déjame pensar…¿Qué te parece…que te vengas conmigo mañana a cenar al pueblo de al lado?
-Me parece un poco caro, para una canción, aunque no me puedo quejar de la compañía.-Le sonreí.- ¿A qué hora?
-Paso a buscarte a las 8
-Que va, paso yo a por ti con la moto y tú guías.
-Perfecto, entonces a las 8, pero tendrás más cuidado que la ultima vez ¿no?
-Yo siempre tengo cuidado.-Le sonreí.

Me dio un beso en la frente y se alejó, como supuse que había venido, corriendo. Volví a tumbarme y extendí mis brazos en cruz, a fin de que el sol estuviese bañando completamente mi piel. Pensaba quedarme ahí, toda la tarde y disfrutar de mi libertad, del sol que no había tenido en el hospital.
Recordé como en este parque, al lado de un lago, había almendros floreciendo. El paisaje verde, azul, blanco y rosa, era precioso. Pero más precioso era el recuerdo de haber estado allí con Matt. Abrazados, mirando hacia el lago, a la puesta de sol. Su pulgar recorría el dorso de mi mano, yo estaba entre sus piernas y sus brazos que me abrazaban. Recuerdo que me daba pequeños y tímidos besos en la mejilla o en la mano. En esa época, recuerdo que un beso con lengua, era a lo máximo que podía llegar, entonces, era muy niña.
Me encantaba estar, así entre los brazos de Matt, tenía una flor de almendro en el pelo que me había regalado, encima de la oreja. Creía que difícilmente podría superar aquella felicidad. Pero sí, la superé. No fue como yo esperaba pero no estaba mal hacerlo en el hospital. En ese momento sentí que nuestros cuerpos se fundían y estallaban a la vez.
Cuando me quise dar cuenta, mi cuerpo se había enfriado y es que, el sol ya se había ido y yo tenía que volver a casa. Me puse de pie sin quitarme los cascos y empecé a caminar. Rumbo a mi casa, veía como la última pizca de sol, desaparecía del paisaje y la noche era terriblemente oscura. No había nadie en la calle, todo estaba en silencio, miré el reloj y apenas eran las 8 de la noche, empecé a agilizar mi paso. Iba casi corriendo, paranoica por si me seguía alguien. No quería repetir la historia otra vez. Miraba hacia todos los lados, y veía sombras que me acosaban, cuando intentaba fijarme en ellas desaparecían y corrían a mis lados. Los pulmones me comenzaban a fallar, me costaba respirar, pero tenía que aguantar, mi casa estaba apenas veinte metros. Corrí todo lo que pude y al llegar a la cerradura, intenté meter la llave, pero mis manos temblorosas no lo conseguían. Cuando por fin, pude meter la llave y dar las vueltas correspondientes, al abrir la puerta me desmayé, todas las sombras me envolvieron. Desperté sobresaltada con lágrimas en los ojos, miré la hora y todavía eran las siete de la tarde y hacía sol. A mi lado estaba Matt, no sé cómo llegó hasta aquí, pero me abrazó corriendo.

-Tranquila Abby, todo ha sido una pesadilla.

Me rodeó con sus brazos, pero no eran los mismos, ahora estaban más musculados. Apoyé mi cabeza en su hombro y noté como ésta absorbía mis lágrimas derramadas.

-Matt-Dije con voz temblorosa y entrecortada.-Ha sido como ese día.
-¿Qué día Abby? Cuéntamelo todo, estoy aquí contigo. Nada malo te va a pasar.
-Es muy largo, cuando tú no estabas, cuando tú te fuiste de aquí, a los pocos días, me pasó algo terrible.- Notaba la presión delicada que ejercía sobre mi espalda para tranquilizarme.- Me violaron.
-Abby, ¿me lo estás diciendo enserio? ¿Sabes quién fue? Te juro que si lo cojo lo mato.
-No tengo ni idea, solo sé que era un hombre gordo y de mediana edad. Fue terrible, y sólo tuve el valor de contárselo a Dani.
-Dios, es terrible, lo siento mucho pequeña, debiste contármelo.
-Tú no estabas. Nos abandonaste.
-No lo hice porque quisiese, tenía que huir de esta ciudad. Pero eso no importa ahora, lo que importa es que tú estés bien, ¿vale?

Me dio un suave beso en los labios, a él no le importaba que nos viesen en público, pero él no tenía que perder un trabajo por hacerlo. Me abrazó y me sugirió acompañarme a mi casa.

-Matt, no me hagas ir a mi casa, después de lo que he soñado no, por favor.
-Hagamos una cosa, vienes a la mía, cenas con nosotros, llamas a tu madre, y duermes conmigo.
-¿Y Dani? ¿No dirá nada?
-Pequeña, mis padres ya no son tan ingenuos, y sabrán que estamos más o menos juntos y Dani igual.
-¿Qué estamos más o menos juntos? No creo que vuelva a estar con nadie, después de eso.
-El tiempo verá-Me sonrió y me tendió la mano.

Llegamos a su casa, estaba como siempre, tampoco hacía tanto que no iba. Abrió la puerta y gritó.

-Ya estamos en casa.

jueves, 31 de marzo de 2011

Capitulo 10

Le miré desde la camilla, como se ponía otra vez sus calzoncillos y los pantalones. Noté los músculos de su espalda tensarse al subírselos. Como se ponía su camiseta que estaba tirada en el suelo de la habitación. Sonreí, por una vez, lo hice con alguien que esperaba, que de verdad tenía ganas. Vi como se volvía a colocar su pelo imperfectamente peinado. Se volvió y me dio un suave beso en los labios. Abrió la puerta, cogió su chaqueta de la moto y su casco y se fue. Acto seguido Danielle entró de repente y me miró, me peiné un poco para que no se diese cuenta.

-¿Qué te ha dicho?- Me miró con curiosidad y ansia por saber que le había pasado a su hermano.

No sabía que contestarla, por una vez no iba a contarle toda la verdad de lo sucedido. No podía contarla que me acababa de acostar con su hermano mayor.

-Dani, me ha dicho que hablaría contigo así que supongo que sólo nos toca esperar.- La miré y la cogí la mano.
-Estarás contenta ¿no?- El corazón se me encogió en un puño
-¿Por qué?- La pregunté dubitativa.
-¡Porque te dan el alta Abby! Si es que no te enteras de nada.- Me sonrió

No me había enterado pero ya había pasado los cinco días que tenía que estar en el hospital ingresada. Y tenía en la cabeza a dos personas y sabía que si no hacía algo, me acabaría enamorando. En cuanto saliese del hospital, me tomaría dos días de relax y después me iría de fiesta. Decidí contestar la nota de Christian.

Gracias por preocuparte. No hacían falta las flores, pero, ¿cómo sabías que eran mis preferidas?

La verdad es que no sabía cómo Christian había averiguado cuales eran mis flores preferidas. Por primera vez, tenía ganas de ir al instituto, hacía mucho que no veía esas trazas azules en sus ojos. Por otro lado estaba Matt, y después de lo que pasó en el hotel, no tengo muy claro lo que siente el por mí. Tenía claro que no podía enamorarme de ninguno de ellos dos, ni de nadie. De todas formas Christian no tenía la culpa, no me había dejado tirada. Pero Matt, el que fue el niño de mis ojos, y no me llamó ni una vez, sólo me dejó una carta, una maldita carta por nuestro tiempo juntos. En ese momento, me pareció un mundo, pero ya no, había madurado. Y sabía que una carta no bastaba para despedirse, no bastaba un no te preocupes, todo estará bien, volveré pronto. Me di cuenta de que con esas palabras no podía marcharse una persona, a la que querías. Sin dar explicaciones, dejando a una familia de lado. Tenía que quedar para hablar con él, sin duda, y nada de encantos con su sonrisa devastadora. Quería saber el por qué de su huida y no podía aguantar mucho más sin saberlo.
Dejé mi ropa sucia en el cesto de la lavadora y subí las escaleras hacia mi cuarto.
No me podía quejar, era luminoso y bastante grande. Estaba en el segundo piso, al fondo del pasillo a la izquierda. En la puerta tenia colgadas fotos con Dani, un eje cronológico desde nuestra infancia. En una foto, tendríamos unos ocho años, salimos abrazadas a Matt en su cumple. Sonreí. Era la típica habitación de una adolescente, decorada en madera blanca con tonos alegres: rosa, verde, naranja. Era preciosa, y el armario daba mucho de si... no sólo para guardar ropa. Mi familia tampoco tenía mucho dinero la mayoría eran muebles de IKEA. La colcha (con dos manchas sospechosas en el revés imposibles de quitar a estas alturas) era a cuadros rosas, naranjas y berenjenas. Las paredes en verde. Un sofá situado en frente de un ventanal donde hacía mis deberes, pues el escritorio lo había transformado en tocador y estaba repleto de cosas. Más que posters tenía láminas distribuidas por el cuarto de mi pintor favorito: Monet. En un cajón al lado de la cama guardaba los regalos que intercambie con Matt durante nuestro noviazgo, y ahora también una flor del ramo que me envió Christian. Me senté al borde de la cama y encendí mi portátil. Vi todos los comentarios de apoyo que tenía en una red social. Apagué el ordenador y me asomé a la ventana, dejé que el sol bañase mi cara con su luz, sonreí, me encantaba el sol. Me puse mis pantalones pirata y una camiseta azul con mis converse del mismo color, el móvil y las llaves. Me dirigí hacia el parque más cercano que había. Vi un claro, y daba el sol justo parecía diseñado para mí. Me tumbé cerré mis ojos y puse los cascos al móvil. Quería despejarme, quería escuchar música y relajarme. En la lista de reproducción estaba With me de Sum-41 me encantaba esa canción, era realmente preciosa. Sonreía y a la vez lloraba. Estaba en el cielo, me sentía mal, porque sabía que algo no iba bien en mi vida pero, era feliz en el fondo, lo era. De repente el sol desapareció por una sombra. Abrí los ojos lentamente porque al contrario que los fluorescentes, mis ojos se habían acostumbrado a la luz. Sonreí al verle.

-¿Qué escuchas?- Sonrió, los ojos verdes risueños parecían llenos de alegría.

lunes, 28 de marzo de 2011

Capitulo 9

Desperté de pronto, y la luz de los fluorescentes volvió a molestarme. A mi lado estaba Danielle cogiendo mi mano, cuando vio que me desperté me sonrió.

-Dani, ¿qué hace aquí Matt?
-No lo sé, creo que quiere volver a casa. No ha hablado con nadie excepto tú.
-Que cosa más rara.-Miré a Danielle, estaba a punto de llorar.-No te preocupes ¿vale? Que todo se va a solucionar. Te lo dije cuando él se fue. Te dije que volvería.
-Sí, pero no lo creía, no puedo creerme que haya vuelto, y no haya dicho ni una palabra.
-Tranquila Dani.

Abracé a Danielle, aunque sabía que algo malo pasaba, ¿por qué su hermano no la hablaba? Matt sólo me habló a mí, y presentía que era, simplemente por el mero hecho de que se sentía culpable por el accidente. Dani se fue y la habitación quedó tranquila.
Miré alrededor y vi en la mesilla, unas flores concretamente Liliums eran mis flores favoritas. Las intenté coger pero sólo llegué a una pequeña cartulina rosa. Había una letra, que sin duda reconocía, Christian. Pero ¿cuándo había venido? ¿Habría enviado un mensajero?

“Abby, espero que te mejores pronto, echaré de menos esas miradas. Echaré de menos esos ojos que me tienen loco, y no me dejan pensar en otra cosa. Cuídate. Christian.”

La alegría me embargó el cuerpo, las mejillas se encendieron, el color rojo se expandió por ellas. Y en ese momento sonó una voz que no era la que quería que sonase en ese momento.

-Toc, toc- Dijo sonriendo.- ¿Estas visible?
-Sí, pasa pasa.-Dije a Matt.- Oye ¿puedo hacerte una pregunta?
-Claro, pero ¿puedo hacerte yo otra?
-Me parece justo.-Le sonreí, aunque esta sonrisa se desvaneció pronto.- ¿Por qué solo me hablas a mí? ¿Qué te pasa con Dani? Está muy preocupada Matt…
-Pues, Abby, es muy complicado, quiero volver, pero después de todo lo que pasó de abandonarlos así, no creo que sea justo volver así, de repente.
-¿QUÉ?- La ira invadió mi cuerpo, no me podía creer lo que me estaba diciendo.-¿Has venido para nada?¿Para irte otra vez? ¡¡Matt sigues siendo el mismo imbécil de siempre!! ¿Sabes el daño que le vas a hacer a Dani? ¡¿A tu hermana?!
-Abby, tranquilízate hazme el favor, ya te lo explicaré mas tarde.
-Pero, ¿cómo quieres que me tranquilice?
- A ver, ¿te quedarás más tranquila si hablo esto con Dani?
-Sí, la verdad.
-Pues lo haré, ahora me toca a mí, ¿quién es Christian?
-¿Cómo sabes de Christian? ¿Qué te importa a ti quién sea?
- Bueno dímelo, ¿no? Lo vi en la tarjeta de las flores, y claro me di cuenta de que ya no eres una niña pequeña y tendrás admiradores, que no es para menos.
-Pues sí, mira, es un admirador.-Le sonreí- ¿algún problema?
-¿Yo? Que va, la verdad es que siempre tendré cierta ventaja respecto otros niñatos…
-¿Y cómo sabes que es un niñato? ¿Tan seguro estás de ti mismo?
-Si no confías en ti mismo, ¿en quién vas a confiar?

Le sonreí, no sabía por qué pero siempre me sacaba una sonrisa daba igual el momento que fuese, siempre lo conseguía. Bajó la barandilla de la cama, y le miré a los ojos, se sentó en el hueco que le había hecho en el borde de la cama. Me agarró la mano y con el dedo pulgar me acarició el dorso. Me sonrió, se agachó lentamente. Harta de esperar, a que se lanzase, me mordí el labio, le pasé una mano por el cuello y lo acerqué hacia mí. Lo besé y dejé que sus labios se fundiesen con los míos. Cambió la mano de posición, la puso a mi otro lado. Sentí como su lengua jugaba con la mía, se separó un poco pero no demasiado y me sonrió.

-Vaya, si que has cambiado, antes no me querías ni dar un pico y ¿ahora?-Sonrió
-Sí, bueno…te has perdido algunas cosas.

Nuevamente le acerqué a mi pero con más ansia y lo besé, llevaba unos días sin besar a nadie y la verdad tenía ganas de hacerlo con Matt.
Se levantó escapando de mis besos, y echó el pestillo de la puerta.
Le miré sonriendo y volvió a mí. Con cuidado se me echó encima besándome lentamente por el cuello. Le dejé espacio, echando mi cabeza hacia atrás, mordiéndome el labio. Metió su mano por debajo de mi camisón y acarició mis muslos. Dejé que sus manos caminaran por mis piernas hasta que llegaron a la zona de las ingles. Separé mis piernas y le besé con ganas. Mis manos recorrieron su pecho y sus abdominales marcados. Matt había cambiado con el tiempo, sin lugar a dudas. Mis manos ya no temblorosas como hace unos años, le desabrocharon el botón del pantalón. Éstas se metieron en el pantalón, por dentro del calzoncillo. Noté como su miembro crecía, gracias a mis caricias. Lo toqué y sentí que su sexo era grande, uno de los más grandes que había visto y tocado nunca. Sus manos me acariciaban los brazos y su boca emitía gemidos suaves mientras que su aliento rozaba mi cuello. Le quité los pantalones con su ayuda y él apartó mi camisón verde del hospital. Su mano subía por mi ingle y con ésta me bajó el tanga lentamente. Le mordí su labio, y empecé a masturbarle. Le besé el cuello y le pegué un pequeño mordisco. Cuando sentí que iba a correrse, saqué de su bolsillo una cartera marrón, ya desgastada. En el interior de ésta encontré lo que estaba buscando. Le coloqué el preservativo lo más rápido posible y guié su miembro a la entrada del mío. Le miré con lujuria, una mirada lasciva que hizo aumentar el deseo que Matt tenía de hacerme suya. Me clavó sus ojos grises en los míos. Eso me hizo calentarme, más de lo que estaba y enganché mis piernas en su espalda, se le tensaron los músculos de los brazos al poner toda la fuerza sobre ellos. Me embistió fuertemente. No pude evitar gritar del placer, gemirle en su cuello. El seguía con las embestidas acompañadas de mordiscos suaves que solo me hacían gozar más, y besos en el cuello. Su lengua recorría a veces mis labios y yo se la mordía a fin de ponerle más caliente. Bajó su cabeza y se detuvo en mis pezones que mordía y besaba cual bebé alimentándose de su madre. Sus embestidas cada vez eran más fuertes, y notaba que él iba a estallar. Un escalofrío hizo que una corriente eléctrica erizase mi vello, y mi columna se arquease hasta los dedos de los pies. El soltó un gemido y sabía que se había corrido. Si no hubiese tenido las vías hubiese continuado pero tenía que descansar, no estaba al cien por cien.

-Bueno, ¿todavía sigo siendo una niña para ti?- Dije en un tono sensual.
-Por supuesto que no.
-Entonces comprenderás que yo ya no ando con niñatos, así que deberías estar preocupado.
-Lo mismo te digo pequeña.
-Yo he podido sobrevivir sin ti. No he venido a buscarte como hacían otros.

Le sonreí, sabía que eso le preocuparía y si de verdad era cierto que había vuelto y la única persona con la que había hablado era conmigo, le jodería que hubiese competencia. Pero le tocaba sufrir a él, nos dejó colgadas, a su hermana y a mí.

martes, 15 de marzo de 2011

Capitulo 8


Estaba temblando, no sabía por qué razón estaba él aquí. Aunque realmente no conocía dónde era “aquí”.

-¿Dónde estoy?- Pregunté intentando levantarme.

Sentí una mano en mi hombro, su mano. Me empujó con suavidad hacia la cama. Sentía que eso era una cama pero no sabía cómo había llegado hasta ahí ni donde estaba.

-Abby, estás en el hospital, lo siento.
-¿En el hospital?- Pregunté agobiada- ¿Qué me ha pasado y por qué lo sientes?
-Tranquila, has estado en coma durante una semana. Ahora, llamaré a los médicos para avisar de que te has despertado.
-Espera, ¿cómo me he hecho esto Matt?- Le pregunté
-Iba conduciendo hacia mi casa, pensé que ya era hora de volver y choqué contigo, no sabía que eras tú, hasta que vi tus ojos detrás de la visera del casco.
-¿Qué? ¿A tu casa?
-Abby- Me dijo sonriéndome- te cuento que has estado en coma durante una semana ¿y lo único que te importa es que vuelvo a mi casa?

Las lágrimas emergieron de mis ojos, no podía creer que Matt, mi Matt volviese a su casa. Después de todo lo que había pasado Danielle. Después de todo lo que le hizo pasar a su propia hermana. Ella no iba a creérselo que después de todo él hubiese vuelto. Supongo que ya se habrían visto si yo llevaba aquí una semana y él hubiese venido todos los días. Acercó su mano hacia a mi cara y me quito las lágrimas con el pulgar.

-Será mejor que llame a los médicos y descanses. Ya nos veremos ¿vale? Te quiero pequeña.

Avisó a los médicos que vinieron corriendo y detrás estaban Danielle y mi madre.

Me hicieron un montón de preguntas y estaba agobiándome con tantas pruebas, quería estar a solas con Danielle y hablar sobre Matt. Sobre todo lo que nos pasó cuando él se fue.

Quería saber las razones por las que él había vuelto de donde estuviese cuando se largó con solamente dieciséis años, cuando aún era Matt. Un chico todavía no muy desarrollado comparándolo como estaba ahora. Le había visto poco pero lo que vi, era un hombre alto, con espaldas anchas y los músculos de los brazos tensados al apoyarse en la barra de mi cama. El pelo un poco ondulado y un poco largo rubio con delgadas trazas castañas. Una nariz entrañable, que tanto me gustaba y debajo de ella esa sonrisa con los dientes en perfecta alineación. Y lo que me volvía loca un pequeño lunar encima de la comisura izquierda de la boca. Era el chico perfecto con el que seguramente estaría ahora si no me hubiese pasado lo que me pasó. Justo cuando él no estaba. No volvió yo solo tenía quince años cuando él se fue. Nos llevábamos un año y tres meses de edad, él era más mayor. Eché en falta todos sus abrazos en los momentos malos. Pero lo que pasó no lo puede cambiar nadie. 

lunes, 14 de marzo de 2011

Capitulo 7


 Estaba sonriéndome, le veía como lo hacía. Había muchísimo sol y con esa camiseta blanca, sólo podía fijarme en él. Me quité la sudadera para ver si causaba el mismo efecto en él. El sol me daba en la espalda y estaba muriéndome de calor, decidí recogerme el pelo en una coleta alta y abanicarme con una hoja de papel. Me pasé toda la hora mirándole a él, a sus ojos y a sus abdominales. Él quería mirarme pero tenía que cortarse, una mirada fugitiva, estaba bien pero no gozaba de la misma suerte que yo. Cuando tocó el timbre me quedé hasta que todo el mundo se fue y salí como me desperté arrastrando los pies y me di con una mesa en la cadera.

-¡Ay!-Grité un poco.
-¿Estás bien Abby?-Preguntó con signos de preocupación en su voz.
-Sí, no te preocupes, no es nada, sólo un golpe tonto mañanero.-Le sonreí

Me devolvió la sonrisa, me encandilaba con ella. Era de las sonrisas más bonitas que había visto nunca. Sus dientes estaban colocados a la perfección.

-Tienes una sonrisa perfecta.-Le dije sonriéndole.
-Yo ya te dije, que no podía dejar de pensar en esos ojazos que tienes. Que por cierto no me contestaste al sms.-Me dijo mirándome.
-Si bueno…es que la verdad no sabía que ponerte.
-Pues muchísimo.-Me dijo sonriéndome haciendo que las rodillas me temblasen.
-Muchísimo, ¿qué?-Pregunté, no sabía a lo que se refería.
-Pues eso, que me pones muchísimo.

Sonreí, no podía creer lo que me acababa de decir mi profesor de lengua, el caso era que me gustaba y yo no iba a ser quien parase esto.

-Bueno Christian, me tengo que ir, no querrás quitarme horas de otras clases, ¿no?

Me acerqué a él. Sólo nos separaban un par de centímetros respecto nuestros labios, aspiré su aliento y me fui. Salí por la puerta y me mordí el labio sonriendo. Después de lo que me había dicho ya podía oler un sobresaliente. Dios, como me ponía ese hombre, no sabía que perfume utilizaba, pero esa fragancia me volvía loca.
Las demás clases pasaron lentas, cada segundo era una eternidad y yo lo único que hacía era buscarle por los pasillos con la mirada. Al final del día no le encontré por ningún lado.
Danielle se había ido con Lucas, así que me subí en la moto y arranqué.
Iba conduciendo y en un cruce todo se volvió negro, sólo recordaba una sombra que se dirigió hacia mí.
Seguía pensando pero no podía mover ninguna parte de mi cuerpo, no sabía qué me estaba pasando. Oía algunas voces, pero parecía como si hubiesen pasado días desde que todo se volvió oscuro. Noté una mano encima de la mía. Quería abrir los ojos pero los párpados me pesaban demasiado. A veces escuchaba voces. Eran muy lejanas y apenas podía distinguirlas.
Escuchaba llorar a mi madre, y yo sufría angustia porque no sabía el por qué de los llantos. Sentía como Danielle, me agarraba la mano y pedía que volviese. El problema era que no sabía dónde estaba para poder volver.
Tenía tantas ganas de decirlas que no se preocupasen, que estaba bien. Debía salir de donde estuviese, no aguantaba más fuese lo que fuese y necesitaba moverme. Pero me sentía agotada, todo el cuerpo me pesaba y no conseguía hacer nada.
De repente, en uno de mis intentos de volver, escuché un tono de voz que me resultaba realmente familiar. La curiosidad me estaba matando y no podía más necesitaba saber de quién era esa voz tan familiar.
Noté como unos labios se posaban en los míos delicadamente y luego en mi frente. Abrí los ojos que tan acostumbrados estaban a la oscuridad absoluta y ahora eran deslumbrados por la luz de unos fluorescentes. Vi como unos ojos grises me miraban con incredulidad. Abajo había una sonrisa perfecta cargada de felicidad. En cuanto vi la cara de aquella persona sabía quién era. Lo que era más importante.
-¿Qué haces tú aquí?- Pregunté nerviosa