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martes, 14 de junio de 2011

Capitulo 16

-¿Confías en mí?- Me susurró al oído y noté como mi piel se erizaba al sentir su aliento en ella.

Asentí con la cabeza y note como sus brazos se ceñían y me abrazaban la cintura. Sentí su cuerpo pegado al mío y el calor que me transmitía a mí cuerpo. Estaba feliz, me gustaba estar entre sus brazos, estaba protegida y lo sabía. La única cosa que me podía hacer daño era él y no creía que lo volviese a hacer, me perdería. Me estaba poniendo a mil, sólo con tener su cuerpo pegado al mío. Empecé a caminar porque él y su cuerpo me lo pidieron. Me indicó que había unos escalones, aunque yo me sabría la casa de memoria, con los ojos cerrados si tuviese que ir sola. Me abrazaba, pero me dejaba hueco para andar, me pidió que esperase un momento dónde me dejó. Apagó las luces lo escuché, al parecer el sentido del oído se había agudizado al perder la visión. Percibía un olor, era chocolate. Me relamí los labios, en pocos minutos sentí su presencia otra vez detrás de mí. Me quitó la banda de los ojos, parpadeé un par de veces y entonces vi la casa, estaba llena de velas, de todos los colores, en una gama que incluía tonos marrones a beige.  También había incienso, sonreí, suponía que se las había quitado a Danielle. Me volví y le abracé, le di múltiples besos con inocencia en el cuello. Me abrazó y me besó mientras sonreía.

-Venga va, que tengo más cositas preparadas.- Me dijo susurrando.
-Pero es que yo estoy muy cómoda aquí.-Le dije poniendo morritos y voz de niña pequeña.

Sonrió pero no dijo nada, me volvió a girar y me indico que subiera por las escaleras, me encantaba este rollo romántico, sabía que si Dani estuviera en mi lugar no le gustaría porque a ella esto no la gustaba nada. Aunque sabía que tenía un lado romántico que nunca enseñaba y si le hacían esto se la caerían las bragas. Vi su cuarto y sonreí pero ahora me tenía que centrar en su hermano, en Matt.
Estaba muy atento a cada movimiento que hacía, me miraba y le sonreía. Su cuarto estaba alumbrado con la poca luz del sol que entraba por los huecos de las persianas. Había unas cortinas naranjas tirando a rojas que le daba un toque romántico a la habitación. En vez de pétalos en la cama como me había imaginado, había puesto chocolatinas, él sabía lo mucho que me gustaba el chocolate. Me abalancé contra su cuerpo, me abrazó por la cintura y sus manos se movían por la parte baja de mi espalda, mi trasero y los muslos.  Ahora sí, que sus besos abrían mis labios. Nuestras lenguas se saludaban y reconocían, ya habían coincidido varias veces.
Mis manos acariciaban su espalda e intenté quitarle la camiseta, paramos. Nos quitamos nuestras camisetas y volví a besarle con rabia casi en vez de pasión. Mientras lo hacía le desabrochaba el botón de los vaqueros. El hizo lo mismo pero dándome besos por la clavícula, me estaba poniendo a mil. Me besaba y mordía mis labios mientras nos caíamos con suavidad en la cama. Él estaba tumbado encima de mí.
Cogí una de las chocolatinas y la desenvolví la metí en mi boca, él me besó y sentía como el chocolate se deshacía en nuestras bocas. El calor se extendía por nuestros cuerpos a medida que nos besábamos. Nuestros cuerpos se pegaban, hacía calor debido a la tensión sexual y la energía que desprendían las velas.
Estaba que echaba cohetes, y él lo notó, notaría cualquier cosa que yo quisiese con sólo mirarle, me quitó los pantalones y me dio besos por el ombligo. Subió y me despojó del sujetador lentamente y empezó a juguetear como un bebé con el seno de su madre. Lo besaba y lo succionaba, le daba pequeños mordiscos amorosos. Le dedicaba tiempo a mis pezones. Yo mientras tanto soltaba pequeños gemidos que escapaban y esta vez lo iba a redimirlos, estábamos solos. Podía notar como su miembro erecto crecía, él se rozaba contra mi sexo. Matt empezó a dar besos y lametazos en mi bajo vientre, pero no llegaba todavía a lo que quería hacer, después de algunos besos y caricias, por fin lo hizo. Lo agarró entre sus labios y lo besó, podía notar como la sangre y la excitación se juntaba en ese punto tan poderoso capaz de provocar los mejores orgasmos en una mujer. Es lo que era, una bomba de placer, y él estaba consiguiendo que estallase. El primer orgasmo, y yo gemía alto pero él me calló dándome besos realmente placenteros. Mi cadera se arqueaba y pegaba más contra su cuerpo, la piel se erizó. Le besé por el cuello, le mordí yo ya no sabía lo que hacía. Me puse encima de él. Le quité toda la ropa posible, y agarré su miembro grande, erecto y duro. Le hice caricias a lo largo de él, y también lo giraba flojito lo suficiente para procurarle placer. Acerqué mis labios y le miré con lascivia, empecé a introducirlo en mi boca, jugueteaba con mi lengua. Miré su cara y vi como empezaba a gemir, seguí así hasta que vi que estaba a punto de correrse y lo dejé. Le puse un condón que había en el cajón de su mesilla. Empecé a besarlo por el pecho lentamente subiendo por su clavícula y me lo introduje lentamente y empecé a cabalgar literalmente a Matt. Primero iba lento, pero empecé a aumentar la intensidad. Gemíamos al unísono, me agaché hacia él para procurarme más placer y le mordí el labio. Pasaron minutos de silencio, de gemidos, de respiraciones agitadas por los orgasmos producidos y todo esto abrazados en su cama, era precioso estar así con él, le quería y yo lo sabía. Me dormí entre sus brazos, tapada por una fina sábana. No quise despertarme, pero unos rayos de sol me alumbraron los ojos y lo hice, vi unos cabellos rubios a mi lado y sonreí, pensé que no me importaría despertar así siempre. Los acaricié y su torso también, estaba tan musculado. Una media sonrisa se dibujaba en su cara que se despertaba lentamente dirigiéndome una mirada de ojos grises llena de alegría.

martes, 7 de junio de 2011

Capitulo 15

Le miré, me dolía hacerlo porque me recordaba lo que él había hecho, lo que me había dicho. Siendo él a la primera persona que se lo contaba después de mí circulo cerradísimo de amigos y me lo echó en cara. Pero no fue mi culpa, sin embargo esto sí. Deseaba no haberle contado nada, y sabía que me arrepentiría toda la vida por haberlo hecho.

-Pues dímelo ya no tengo todo el día Matt…
-¿De dónde vienes? He pasado aquí toda la noche y no te he visto
-Creo que no tengo que darte explicaciones.-Contesté en un tono secante.

Aparte de lo que hizo, ¿pretendía que le diese explicaciones de lo que había hecho? Era lo último que podía esperar.

-Vale, si es cierto, lo siento. Abby, siento mucho lo que te dije. No debería habértelo dicho ni echártelo en cara, porque no tienes la culpa, ¿me perdonas pequeña?

No sabía si perdonarle, a pesar de su petición. Le miré, tenía en su cara una expresión triste y apenada, pero podría estar fingiéndolo. Seguía siendo él, su mismo cabello rubio y brillante, pero su cara no estaba como siempre, no sonreía. No tenía esa sonrisa que me volvía loca. Me arrepentiré de lo que iba a hacer.

-Vales, estás perdonado, pero tendrás que ganártelo. No te lo voy a poner tan fácil como tú te piensas.

Sonrió y esta vez me hizo hacerlo a mí también, cosa que no quería hacer. Pero era su sonrisa y ésta me hacía sentir bien como si cualquier cosa no importase en el mundo. Pero sus ojos, aquellos ojos grises transmitían alegría ahora y la expresión de su rostro cambió totalmente.

-Ya sé cómo hacerlo, pero para eso tienes que quedar conmigo esta noche. No más numeritos familiares, sólo tú y yo.
-¿Y Dani, no va a estar en casa?
-Que va, se va al pueblo con mis padres, en realidad tendría que haber ido pero estaba esperando a hablar contigo y al final no voy a ir si quieres quedar conmigo esta noche, claro.

Me hacía ilusión la verdad, por una vez, íbamos a estar completamente solos. Quería olvidar la tarde de su cuarto, y sabía que me recompensaría por ese fatal error. Pasaron sólo dos días pero me había vuelto a acostumbrar a su presencia después de su desaparición, sabía que no soportaría tanto tiempo sin él, otra vez. Sonreí como una idiota al pensar en las sorpresas que me iba a preparar, ya que de pequeño él era muy detallista, esperaba que eso no hubiese cambiado.

-Vale, ¿a qué hora quedamos?
-Abby, ¿sabes qué? Me acabas de hacer más feliz aún de lo que ya estaba por tenerte a mi lado. A las nueve en mi casa, ¿te parece bien?
-Perfecto.-Reí.- ¿Llevo algo?
-Nada, tú no te preocupes por nada, ¿vale? Yo me encargo de todo. Luego te veo, tengo que hacer muchas cosas.- Se fue corriendo pero al segundo volvió y me besó, un suave beso en los labios.- Te quiero enana.

Y se fue, yo tenía que entrar en casa y enfrentarme a mi madre, por no haberme presentado allí por la noche. Aunque ya era mayor, de vez en cuando se preocupaba demasiado por mí. Por suerte no había nadie, subí y preparé el baño, no un baño normal sino uno de los que a mí me gustaban. Llené la bañera de agua caliente y puse jabón para hacer espuma. Encendí unas cuantas velas de vainilla y una vara de incienso que me recordó a Danielle. Usé también bolitas de aceite con la misma fragancia que las velas y cerré la ventana, estaba totalmente a oscuras, salvo la tenue luz de las velas.
Me metí en la bañera y eché la cabeza hacia atrás, sentía el agua en mi cuerpo y la efervescencia de la pastilla para baño que eché de vainilla. Eché la cabeza hacia atrás apoyándola en la almohada que tenía para el baño. Sonreí y pensé en él, en Matt, pero también lo hice con Christian. Pensaba en los dos y sabía que algún día se tendría que acabar, porque iba a acabar enamorándome de alguno de los dos, cosa que no quería hacer y la única manera de no hacerlo era separándome de ellos, y no podría, no quería en realidad. Sentí que necesitaba aquellos ojos verdes con sus motas azules mirándome siempre, pero también necesitaba estar rodeada por esos musculosos brazos mientras mis dedos se enredaban en los cabellos rubios de Matt. Necesitaba sentir todo eso, pero era realmente egoísta por mi parte hacerlo, acaparar a los dos, aún no teniendo nada serio con ninguno de los dos. No sabía qué hacer y en esto no podía pedir ayuda a Danielle, ella siempre  diría que su hermano era la mejor opción, al fin y al cabo era familia.
Pasaron las horas y eran las ocho, nuestras casas estaban relativamente cerca si ibas en algún medio de transporte o caminabas muy deprisa. Me puse unos shorts vaqueros y una camiseta de manga corta con escote de pico y botones adornándola de color blanca, con unas zapatillas planas con cordones blancas también. El pelo lo llevaba suelto con espuma para potenciar los rizos. Cogí la moto y en cuestión de minutos llegué a casa de Danielle y Matt. Llamé al timbre y salió él, con un pañuelo negro atado a la muñeca, una camiseta negra ajustada de manga corta y bermudas vaqueras y las zapatillas acorde con la camiseta.

-Buenas noches señorita.-Me besó la mano.- ¿Puedo?-Dijo señalando el pañuelo y mirándome.
-Si, claro.-Le dije sonriendo.

Agarró el pañuelo y me lo puso en los ojos, tapándome la vista que tenía hacia su casa.

viernes, 27 de mayo de 2011

Capitulo 14

El camarero se acercó y sirvió el vino en las dos copas y se retiró con educación. A continuación vino otro camarero que nos preguntó lo que íbamos a comer. Yo pedí un solomillo con salsa roquefort por encima y cebolla caramelizada, Christian se pidió lo mismo.

-Me fio de tus gustos, este plato nunca lo he probado.-Me sonrió
-Así que vienes mucho por aquí, traerás a jóvenes incautas e inocentes como yo para seducirlas todos los días.-Sonreí mientras jugueteaba con el cuchillo cuya punta estaba en mi dedo, y éste dándole vueltas.
-Si Abby, es mi afición favorita, cautivar a jóvenes como tú.
-¿Cómo yo? Y ¿cómo soy yo?
-Era una forma de hablar pero supongo que serían chicas, preciosas y a la vez inteligentes. Muy joven, pero madura. No sé, eres tú y punto. Sinceramente no creo que haya nadie igual que tú.

Noté como subía la sangre a mis mejillas y las tornaban de un color rosado. Sabía que me quería o por lo menos podía intuirlo, la verdad, quería creer que me quería pero sabía que ellos no iban a cambiar, que los hombres eran todos iguales. De todas formas, debía concentrarme en la cena, creo que iba demasiada acelerada comiendo. Tenía muchísimas ganas de llevarle a casa y meterme en ella, sin ser invitada si hiciese falta. Cuando terminamos de comer, después de miradas y caricias con mi pie en su entrepierna, se levantó y esperó a que lo hiciese yo también. Me dijo que fuese a la moto que él tenía que ir al baño, así que obedecí. Cuando le vi llevaba una bolsa de plástico opaca, se puso el casco correspondiente y se subió a la moto. Me dijo que me dirigiese por una calle, el muelle estaba oscuro, sólo había la luz de unas farolas en tono anaranjado. Llegué y vi como se bajaba de la moto, cogió el casco y yo me quité el mío. Se acercó a mí y se coló entre mis piernas agarrándome de la cintura, atrayéndome hacia él. Me besó, pero no fue un beso, pero no fue un beso corto y suave como los de antes, fue un beso largo. Se abrió paso por mis labios y su lengua tocó la mía jugueteaban entre ellas. Poco a poco fue bajando el ritmo y su presión en mi cadera ya no era tanta. Le sonreí y le pregunté si nos íbamos ya a su casa. En vez de contestarme me agarró la mano y bajé de la moto, la aseguré aunque  no creía que alguien fuese a estar en esa zona a las doce de la noche.
Me llevó hacia un sitio en el que no veía nada pero él parecía que sí. Me dijo que me quitase las zapatillas y así lo hice, cogí mis tacones y los agarré por la tira del talón. Noté la arena en mis pies y cada vez que avanzábamos notaba la humedad en ellos. Podía oír el mar, solté su mano y me concentré. Estaba tirada en el suelo, concentrada en mí y en mis cinco sentidos, notaba como mi cuerpo se hundía un poco con cada movimiento, sentía cada grano de arena que rodeaba mi cuerpo.

-Abby ¿Qué haces?-Me preguntó.
-Shh calla y ven aquí.-Le dije susurrando.

Se acercó y se tumbó a mi lado. Se volvió a levantar, puso su americana tendida en el suelo y se tumbó encima de ella.

-¿Quieres estarte quieto? – Le rogué, estaba demasiado nervioso. – No te voy a morder.-Me reí
-Vale vale, yo no te digo nada, ni me muevo.-Dijo riéndose.

Extendió su cuerpo en la arena y yo le cogí la mano. Me giré y fui a su lado. Pasé los dedos por su pecho, él dejó la bolsa al lado nuestro pero no demasiado alejada. Posé mi cabeza en su hombro. Le levanté la camiseta y él se la quitó, seguidamente pasé mis dedos por sus abdominales y él por mi cintura, pero no me quitó mi camiseta. Me subí a horcajadas y él me acarició los costados haciendo que yo me tumbase encima de él. Le besé y él lo hizo pero con más pasión casi con furia que yo. Pasó sus manos por mis muslos y bajó mi tanga lentamente. Lo saqué y volví a tumbarme en el. Las manos curiosas recorrían nuestros cuerpos. Con la falda puesta, mis manos bajaron hasta su bragueta y noté un bulto enorme, bajé ésta y saqué su sexo como pude. A continuación me senté a horcajadas, encima de él y le miré lascivamente. Agarré su miembro con mi mano y empecé a masajeárselo lentamente de abajo hacia arriba. Me encantaba sentir como crecía en mis manos, como se ensanchaba. Bajé y le besé mordiéndole el labio. Me senté encima de él pero me giró y se puso encima de mí bajó su mano grande hacia mi sexo y sus dedos se deslizaban por éste con grandiosa facilidad. Escalofríos recorrían mi espalda cada vez que el me tocaba con distinta presión, me mordí el labio. Ahí iba el primer orgasmo de la noche. Era estremecedor sentir como lo hacía, parecía que lo hubiese hecho muchas veces, o que me conociese a la perfección sabiendo donde tenía que tocar en todo momento.
Le atraje hacia mí de la cabeza y le besé le mordí su labio y le supliqué que lo hiciese. El me entendió perfectamente y lo hizo, lentamente pero sin parar ni una vez, introdujo su sexo en el mío y efectuó vaivenes con su cuerpo. Enrosqué mis piernas en él y con más fuerza me penetraba. Le besaba la oreja y le mordía el lóbulo sabía que eso le gustaría.
Al final de la noche, descansábamos en la arena, encima de su americana comiendo fresas con nata, eso era lo que había en el bote, dentro de la bolsa que trajo del restaurante. Las pasábamos por nuestros cuerpos salados a causa del baño que nos dimos después de acabar, lamiendo el rastro de la nata hasta zonas a las que queríamos llegar. Cuando quisimos darnos cuenta estábamos contemplando el amanecer desde la playa, abrazados pero con su americana en mis hombros.
Decidimos recoger e ir cada uno a su casa, así que le llevé a la suya en moto y nos despedimos con una larga sesión de besos.
En el trayecto de vuelta, estaba feliz, notaba que mi piel estaba más tersa que de costumbre y mis ojos los podía sentir vidriosos. Iba con más velocidad, los latidos del corazón iban en aumento, pero paré en seco, al llegar a mi portal y verle a él.
No podía ser, estaba en la puerta de mi casa, esperándome…creía haberle dejado claro que no quería verle más en mi vida.
Bajé de la moto y le miré, no eran las miradas que acostumbraba a dedicarle, notaba como mi rostro se había endurecido y que mi sonrisa ahora era una mueca seria en mi cara.

-¿Qué quieres?-Pregunté seria y duramente.
-Tengo que hablar contigo Abby.

lunes, 16 de mayo de 2011

Siento el retraso

Mañana subiré un capitulo, siento muchísimo el retraso de verdad, pero no han sido unas semanas muy buenas en cuanto a inspiración lo siento! Perdonadme plis!.

miércoles, 27 de abril de 2011

Capitulo 13

Estaba furiosa, Matt me agarró la mano pero no la acepté y tiré de la mía con más fuerza de la que él estaba ejerciendo. No podía creer que después de haberme dicho eso, seguiría intentando abrazarme. Cerré la puerta del jardín de un portazo y con paso ligero me encaminé a mi casa.
Por suerte cuando llegué no había nadie, seguramente mi madre se habría ido a comprar. Subí las escaleras y entré en mi cuarto, cogí un cojín y lo tiré con todas mis fuerzas a las fotos que tenía con Matt. Me tiré en la cama tal y como había hecho con Dani y rompí a llorar. En el fondo me dolía que me hubiese hecho eso, aunque había aprendido a no sufrir por los hombres, pero Matt había dejado marca en mi corazón y no podía evitarlo. Sin darme cuenta me dormí y tenía una manta encima, seguramente habría sido mi madre, miré el reloj y vi que eran las cuatro de la tarde, tenía tres horas y media para arreglarme. Me levanté corriendo y bajé a comer había un plato de sopa en el microondas que calenté y un trozo de tortilla. Comí nerviosa porque no sabía que iba a ponerme para la cita con Christian.  Cuando terminé de comer, volví a mi cuarto. Abrí las puertas del armario y me senté en mi cama visualizando la mayoría de las prendas. De pronto vi que tenía una mini falda plisada verde, un verde que resaltaba mis ojos, no era claro pero tampoco oscuro, era, perfecto. Abrí un cajón y fui directamente a por una camiseta blanca con rayas verdes de tirantes tipo nadadora que combinaba a  la perfección. Estaba enfrente del espejo y giré sonriéndome. Me puse unas cuñas en tono marrón y el bolso a juego con ellas. Me senté en la silla que debería estar frente al escritorio ahora convertido en tocador, y me maquillé los ojos en color tierra con mucho rimmel. Apliqué un poco de rosa en mis mejillas y en los labios un poco de vaselina. Miré el reloj eran las cinco y media, necesitaría una hora y media en alisarme todo el pelo y después ondularlo. Encendí la plancha y procedí a alisarme el pelo, inmediatamente lo ondulé. Eran ondas grandes, el pelo tenía muchísimo volumen y eso me encantaba. Ya eran las siete y media, había quedado en ir a buscarle así que cogí el bolso, lo rellené con lo que consideraba importante, cogí el casco de la moto y otro que tenía  de repuesto. Me subí a la moto, me puse el bolso de una forma segura, para que no se volase y el casco de Christian en el codo. Mi moto volaba, lo sentía, iba demasiado rápido en comparación con el máximo de velocidad permitido. Hacía mal en ir tan rápido pero tenía unas ganas locas de verle. Llegué en quince minutos a su casa y llamé al timbre. Me apoyé en la moto, y me quité el casco que dejé en el sillín de esta. La puerta del jardín se abrió y le vi tan elegante pero a la vez casual, el pelo con gomina simulando que estaba mojado, una camiseta gris ajustada y una americana negra, llevaba unos vaqueros desgastados y unas deportivas negras.


-Fiu..fiu- Silbé.- ¿Dónde va tan guapo Mr. Lodge?

Me sonrió y se acercó lentamente andando cual modelo en una pasarela. Se acercó a mí y se inclinó lentamente sujetándome la barbilla y me besó. Fue un beso corto, suave pero a la vez intenso. Le sonreí y le tendí el casco.

-Eliges tú el sitio si te parece bien.-Le dije todavía sonriendo.
-Vale, se perfectamente dónde ir, pero antes te digo una cosa, pago yo.
-Me parece genial.-Sonreí como una niña pequeña.

Se subió a la moto, antes había llevado más paquetes y se había puesto muy pegado a mí, se puso el casco que le había dado y me agarró a la cintura.

-¿Te molesto?- Me dijo, intuía que él estaba sonriendo.
-Para nada la verdad, yo por mí, me quedaba aquí toda la tarde.-Dije poniéndome el casco.

Arranqué y aceleré, seguí las indicaciones de Christian para llegar al restaurante. Me guió hasta el muelle y yo me pregunté si allí había algún restaurante bueno, porque el último recuerdo de cuando vine a comer, era de cuando yo tenía cinco años y vine con mi madre, no me gustó nada el restaurante y al final acabamos en uno de comida rápida. Aparqué la moto y la aseguré en una farola, me quité el casco y lo agarré me coloqué la falda porque debido a la moto se había subido un poco pero lo suficiente para descubrir todo. Me sentía genial y emocionada porque no sabía dónde me iba a llevar, seguro que era precioso.
Sin preocupaciones de que alguien nos viese, porque ese muelle estaba alejado del pueblo y nadie vendría aquí, Christian me cogió de la mano suavemente y me dio un beso en la frente. El muelle era precioso tenía tonos rojizos debido al crepúsculo era tan encantador. Me llevó a un restaurante de madera, todo era así, tan rústico por fuera. Entramos y pidió una mesa que ya tenía reservada, nos llevaron a un salón, todas las paredes eran de cristal y se veía el anochecer, como el sol caía lentamente sobre el mar. Era encantador, me emocioné y le di un suave beso en los labios. Antes de sentarse me lo ofreció a mí hacerlo y me ayudó a acercarme a la mesa.

Estaba tan angelical, el rojo del anochecer se reflejaba en su pelo engominado y revuelto, en sus ojos, en esas trazas azules. Me mordí el labio sin querer mirándole embobada.

-Tierra llamando a Abby, tierra llamando a Abby.-Me dijo riéndose.
-Perdón. ¿Qué me decías?
-Que, qué quieres de beber.-Dijo con esa sonrisa mirándome a los ojos.
-¿Qué vas a beber tú?
-¿te gusta el vino?- Me preguntó.-Aunque no sería muy responsable por mi parte darte alcohol…
-Eres tú el adulto, tú decides.-Le guiñé un ojo sonriendo.

Llamó al camarero y pidió una botella de vino, que por el nombre ya parecía cara.

-Esto debe ser muy caro Christian.
-No te creas, y aparte no te preocupes por eso ¿vale?
-Vale, pero el postre nos lo tomamos en casa.-Le guiñé el ojo.

Ya tenía planeado todo, sabía cómo íbamos a terminar esta noche, porque me apetecía, porque yo quería y tenía muchísimas ganas de hacerlo.

miércoles, 13 de abril de 2011

Capitulo 12

Capitulo 12

Estábamos cogidos de la mano, aunque yo ya me sabía la casa de memoria. La madre de Dani y Matt, Melisa salió secándose las manos con un paño de la cocina y una sonrisa que me recordaba a sus hijos a recibirnos. Se acercó a nosotros casi corriendo y nos abrazó. Sentí que una lágrima le caía del ojo.

-Melisa, ¿por qué lloras?-Noté como se separó un poco de nosotros.
-Porque hacía tanto tiempo que no os veía así de juntos.-Dijo entre pequeños llantos y gimoteos.
-Ay mamá no seas tonta.-Se apartó un poco más de su madre pero su mano seguía sujetando la mía con firmeza.
-Lo siento hijo. Abby cariño, ¿te quedas a cenar?

Matt, respondió enseguida sin dejarme contestar a Melisa.

-Sí, Abby se queda a cenar y a dormir. ¿Puede?
-Por supuesto, Abby es de la familia casi, deberíamos ponerla un cuarto.-Dijo Melisa bromeando.

Con Melisa sonriendo, subimos las escaleras, suponía que anhelaba hablar más con su hijo, ya que casi no lo había hecho o todavía, hasta ahora no había hablado con él. Matt iba delante y abrió la puerta de su cuarto por un momento me soltó la mano pero no entró. Esbozó una sonrisa que hacía que mis rodillas temblasen.

-Signorina.

Se inclinó y como si de una princesa se tratase me ofreció entrar en su cuarto. El acento italiano, hizo que la piel de la espalda se me erizase. No podía evitarlo, los italianos me volvían loca. Eran de los mejores amantes que había tenido. El cuarto de Matt seguía igual. No había cambiado para nada. Estaba tal y como la dejó
. La habitación de Matt era muy luminosa por lo menos respecto la de su hermana. Todo en madera color haya, mezclado con azules y verdes marinos. Se notaba que la habitación era todavía algo infantil, adornada con un poster de Pokemon aunque a su alrededor había un par de futbolistas, unos cuantos de revistas de mujeres y alguno de grupos musicales como “The Rolling Stones” “The Beatles” “AC/DC” “Metallica”. Eran varios grupos de pop-rock que le encantaban y él me traspasó ese gusto musical.
Desde luego él desentonaba con la habitación, al menos su yo actual, pero pensar que podíamos hacerlo en esa habitación de niño me ponía a mil.
Desde la cama podía ver la alfombra azul y suave. Observé el techo, de donde colgaba una lámpara de papel redonda y blanca. Las estanterías estaban llenas de cómics y libros... Sonreí. Me venían tantos recuerdos a la cabeza.

Me senté en su cama y él a mi lado. Me miró sonriendo, se acercó a mí lentamente para intentar besarme. Le puse mi dedo en sus labios y le miré a esos ojos grises desafiantes.

-¿Te crees que lo nuestro va a ser sólo carnal?- Le dije mordiéndome el labio.
-¿Te crees que esto iba a ser algo más?
-Bueno, yo siempre puedo tomar la decisión ¿no?
-Por tu experiencia deberías saber que no.
-Vete a tomar por culo Matt.-Le pegué una bofetada.

Salí hacia el cuarto de Danielle, las lágrimas empezaron a brotar de mis ojos como si fuesen una fuente. Dani estaba en su cama con los cascos puestos y me abalancé sobre ella. Noté como su corazón palpitaba fuertemente y lo comprendía, la tenía que haber dado un susto de muerte.

-Dani, todos son iguales.-Dije entre sollozos, no podía casi hablar.
-Relájate, ¿qué ha pasado? ¿Te ha hecho algo Matt?
-Tía iba a besarme le he parado y le he preguntado que si se pensaba que lo nuestro era solo carnal, y ha llegado un punto en el que ha dicho que no puedo tomar la decisión que lo tendría que saber por la experiencia.- Las palabras salieron a toda velocidad de mi boca, casi escupidas pero entrecortadas por la falta de aire.- Le he pegado una bofetada.
-Bien hecho Abby.- Me abrazó más fuerte.

No sabía qué hacer, esto me superaba por momentos, después de la horrible pesadilla que Matt me dijese eso, después de sincerarme con él y contarle todo lo que me había pasado. Tenía ganas de que terminase el día, quería estar en mi cuarto arreglándome y pasármelo bien con Christian. No me apetecía bajar a cenar y verle la cara, asique Dani, bajó y subió la comida pese a las objeciones de su madre, pero sabía que si lo necesitaba se enfrentaría con ella. Comimos patatas fritas con varias salsas, era uno de nuestros platos favoritos, Dani lo bajó y decidimos poner una película en el ordenador. Tumbadas en la cama, caí rendida sobre el hombro de Dani. Estaba cansada de tanto llorar, apenas visualicé quince minutos escasos de la película. Cuando abrí los ojos ya era de día y estaba tapada con el edredón por encima de los hombros. La desperté y la dije que me iba a ir ya, que tenía que ir a casa a prepararme que había quedado con Christian, aunque fuese por la mañana tampoco quería estar bajo el mismo techo con Matt. Me vestí y me despedí de Dani. Bajé las escaleras rápidamente sin hacer ruido, cerré la puerta y dejé que el sol me diese en la cara. No sabía qué cara tenía. De repente escuché un carraspeo de garganta, abrí los ojos y me encontré a Matt en pijama, un pantalón de chándal negro y una camiseta gris ajustada.

-Matt déjame ¿vale? Te has pasado muchísimo, no me vuelvas a hablar nunca más.
-Joder, lo siento lo dije sin pensar, lo siento, lo siento.-Sus ojos transmitían que estaba arrepentido pero yo ya sabía que era una, y no más.
-No Matt. Esto se ha acabado, fuese lo que fuese.

miércoles, 6 de abril de 2011

Capitulo 11

Me levanté poco a poco, sentándome en el suelo mirándole como los músculos de sus gemelos se tensaban ya que estaba en cuclillas. Le sonreí, y le puse un casco.

-With me de Sum-41 ¿no?-Me dijo sonriendo.
-Exacto, ¿te gusta? – le pregunté mirándole
-Si la verdad, hay una que te dedicaría pero claro, las cosas no son gratis.-Me miró, tenía una media sonrisa que me encantaba.
-¿Cuál es el precio?-Me acerqué un poco más, aunque sabía que corríamos un riesgo al ser profesor y alumna, pero eso me gustaba más.
-Mmm…déjame pensar…¿Qué te parece…que te vengas conmigo mañana a cenar al pueblo de al lado?
-Me parece un poco caro, para una canción, aunque no me puedo quejar de la compañía.-Le sonreí.- ¿A qué hora?
-Paso a buscarte a las 8
-Que va, paso yo a por ti con la moto y tú guías.
-Perfecto, entonces a las 8, pero tendrás más cuidado que la ultima vez ¿no?
-Yo siempre tengo cuidado.-Le sonreí.

Me dio un beso en la frente y se alejó, como supuse que había venido, corriendo. Volví a tumbarme y extendí mis brazos en cruz, a fin de que el sol estuviese bañando completamente mi piel. Pensaba quedarme ahí, toda la tarde y disfrutar de mi libertad, del sol que no había tenido en el hospital.
Recordé como en este parque, al lado de un lago, había almendros floreciendo. El paisaje verde, azul, blanco y rosa, era precioso. Pero más precioso era el recuerdo de haber estado allí con Matt. Abrazados, mirando hacia el lago, a la puesta de sol. Su pulgar recorría el dorso de mi mano, yo estaba entre sus piernas y sus brazos que me abrazaban. Recuerdo que me daba pequeños y tímidos besos en la mejilla o en la mano. En esa época, recuerdo que un beso con lengua, era a lo máximo que podía llegar, entonces, era muy niña.
Me encantaba estar, así entre los brazos de Matt, tenía una flor de almendro en el pelo que me había regalado, encima de la oreja. Creía que difícilmente podría superar aquella felicidad. Pero sí, la superé. No fue como yo esperaba pero no estaba mal hacerlo en el hospital. En ese momento sentí que nuestros cuerpos se fundían y estallaban a la vez.
Cuando me quise dar cuenta, mi cuerpo se había enfriado y es que, el sol ya se había ido y yo tenía que volver a casa. Me puse de pie sin quitarme los cascos y empecé a caminar. Rumbo a mi casa, veía como la última pizca de sol, desaparecía del paisaje y la noche era terriblemente oscura. No había nadie en la calle, todo estaba en silencio, miré el reloj y apenas eran las 8 de la noche, empecé a agilizar mi paso. Iba casi corriendo, paranoica por si me seguía alguien. No quería repetir la historia otra vez. Miraba hacia todos los lados, y veía sombras que me acosaban, cuando intentaba fijarme en ellas desaparecían y corrían a mis lados. Los pulmones me comenzaban a fallar, me costaba respirar, pero tenía que aguantar, mi casa estaba apenas veinte metros. Corrí todo lo que pude y al llegar a la cerradura, intenté meter la llave, pero mis manos temblorosas no lo conseguían. Cuando por fin, pude meter la llave y dar las vueltas correspondientes, al abrir la puerta me desmayé, todas las sombras me envolvieron. Desperté sobresaltada con lágrimas en los ojos, miré la hora y todavía eran las siete de la tarde y hacía sol. A mi lado estaba Matt, no sé cómo llegó hasta aquí, pero me abrazó corriendo.

-Tranquila Abby, todo ha sido una pesadilla.

Me rodeó con sus brazos, pero no eran los mismos, ahora estaban más musculados. Apoyé mi cabeza en su hombro y noté como ésta absorbía mis lágrimas derramadas.

-Matt-Dije con voz temblorosa y entrecortada.-Ha sido como ese día.
-¿Qué día Abby? Cuéntamelo todo, estoy aquí contigo. Nada malo te va a pasar.
-Es muy largo, cuando tú no estabas, cuando tú te fuiste de aquí, a los pocos días, me pasó algo terrible.- Notaba la presión delicada que ejercía sobre mi espalda para tranquilizarme.- Me violaron.
-Abby, ¿me lo estás diciendo enserio? ¿Sabes quién fue? Te juro que si lo cojo lo mato.
-No tengo ni idea, solo sé que era un hombre gordo y de mediana edad. Fue terrible, y sólo tuve el valor de contárselo a Dani.
-Dios, es terrible, lo siento mucho pequeña, debiste contármelo.
-Tú no estabas. Nos abandonaste.
-No lo hice porque quisiese, tenía que huir de esta ciudad. Pero eso no importa ahora, lo que importa es que tú estés bien, ¿vale?

Me dio un suave beso en los labios, a él no le importaba que nos viesen en público, pero él no tenía que perder un trabajo por hacerlo. Me abrazó y me sugirió acompañarme a mi casa.

-Matt, no me hagas ir a mi casa, después de lo que he soñado no, por favor.
-Hagamos una cosa, vienes a la mía, cenas con nosotros, llamas a tu madre, y duermes conmigo.
-¿Y Dani? ¿No dirá nada?
-Pequeña, mis padres ya no son tan ingenuos, y sabrán que estamos más o menos juntos y Dani igual.
-¿Qué estamos más o menos juntos? No creo que vuelva a estar con nadie, después de eso.
-El tiempo verá-Me sonrió y me tendió la mano.

Llegamos a su casa, estaba como siempre, tampoco hacía tanto que no iba. Abrió la puerta y gritó.

-Ya estamos en casa.